Los aguijones del sol incandescente, se clavan en la piel de quienes, por obligación, deben ahogarse entre rayos y fotones para poder comer. La desgarran, se sumergen en ella y sin pedir perdón, lastiman hasta el hartazgo. Hartazgo que se hace costumbre entre manzos hombres de corazón noble.
Es indiscutible el hecho de que, para aquellos que la insolación resulta una facultad, esos aguijones no son más que cromos para pigmentar la piel.
He aquí la diferencia, la desigualdad y la estratificación en sus estados más puros. Y eso que no he hecho más que hilar grueso. Vaya a saber uno con que se encontraría si se puesiera a hacer números, que no son más que anécdotas académicas. Quiero decirme a mí mismo, basta de símbolos, ya no van más las palabras. Lo verdadero es el hacer.
me gusta (Y) y se lo lei a mi hermana, no se si tenia permiso :p, y tmb le gusto ja
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