Trepando el ventanal
Una silueta oscura apareció.
La abuela de Hernán
Preocupada, alzo su mirada
-¿Quien anda ahí!? preguntó
Estaba aterrada,
sola se encontraba
y esa figura,
se agigantaba
paso a paso.
Unos dedos tristes
acariciaron el perfil de su rostro,
estaban fríos y ella temblaba.
Otra mano
tapó su boca.
Sin oponer resistencia,
La señora Ursula, lentamente
lanzó su cabeza hacia atrás.
Calló su cuerpo, calló sobre la cama,
Pum! un culatazo en su sien!
Comenzaron las trompadas,
sus mejillas y ojos,
cubiertos de sangre;
su cara, desfigurada;
ella, en la eterna anestesia.
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ResponderEliminarMuy bueno Alex tu poema, la eterna anestesia de los golpes puede ser una puerta de toda una vida miserable. Trata de corregir más tus textos ya que están buenos y gotean cuando aparecen errores del intelecto orto-gráfico.
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